"Some time later"

miércoles, 19 de marzo de 2008

Hitos (perdurables) de la adolescencia II


Llegaba al concierto tarde, después de hacer malabarismos por ajustar a él mis horarios laborales; nunca había visto antes a los Cure pero era un deseo que se remontaba a mis 17 años. De camino, mientras el taxi, se abalanzaba sobre el Palau Sant Jordi, pensaba no sin inquietud: "¿Todavía me interesarán tanto los Cure? ¿No me dejará fría un concierto demasiados años postergado? ¿Conectaré con el espectáculo o será puramente una curiosidad antropológica?"

Pero salí del taxi, y reconocí los primeros acordes de plainsong, que bastaron arrastrarme a entrar cuanto antes al escenario a bañarme de esa música.
Plainsong Se podría traducir como "canción simple" o "canción sin formato": sonidos de xilófono que se van acercando desde algún lugar muy lejano, sin prisa, creando una gran expectativa...súbitamente atravesados por arañazos sucesivos del bajo, hasta que guitarras y batería se suman también para marcar un ritmo tan cadencioso como anhelante. Después de unos minutos se introducen por fin las palabras esperadas (como un susurro glacial) :
"I think it's dark and it looks like rain -you said.
And the wind is blowing like it's the end of the world -you said.
And it's so cold. It's like the cold if you were dead -and then you smiled for a second."
Las notas oscilantes de Plainsong, su oscura armonía, su diálogo crepuscular concentran para mí la quintaesencia de The Cure.
A los famosos Cure se les ha considerado representativos de lo "gótico", por su estética, o el "post-punk", por partir de la base de un rock rompedor y abierto a la experimentación. Y, si bien tendré que convenir en que domina en ellos un tono de cierto patetismo romántico junto con la base musical rock-pop, hay que subrayar que pocos grupos han plasmado una manera de estar en el mundo con tanta autenticidad.
Plainsong lo deja muy claro: nos presenta una imagen con connotaciones de muerte y fin del mundo; pero todo ello con supina elegancia, sugiriendo más que diciendo; imagen que acaba siendo barnizada por otras connotaciones de amor, de comprensión, y hasta, si se me permite, de esperanza.
La frase última es culminante:
"Sometimes you make me feel like I'm living at the edge of the world"
Aquí prevalece la ambigüedad, porque las imágenes anteriores hablaban de frío, de oscuridad, de viento; todo parece indicar un fin del mundo, un cierto suicidio espiritual a dos...Ahora le advierte él a ella que le hace sentir en el eje del mundo...¿Porque está en el final? ¿Porque no sabe si lanzarse o no al abismo?
Pero la respuesta que ella le da reformula todo el previsible final:
"It's just the way I smile -she said."
Entonces, el imaginario de muerte se acaba confundiendo con una suerte de vértigo existencial: la exaltación de la capacidad de sentir la existencia en su máxima intensidad.
Cure en su concierto hicieron acopio de toda la variedad de su repertorio, apto para paladares de diferentes requisitos. Supieron engarzar a la perfección las facetas más siniestras, proclives a la reconcentración del público, con sucesivas explosiones de pura energía; las letras más "naïve" en contrapunto con aquellas de mayor alcance político y filosófico, que suponen un discurso por sí mismas.
Y abrazando todo ello, irrumpía el sonido tan propiamente cure, con sencillez, sin artificios tecnológicos; un sonido difícil de definir: oscuro pero no monótono, con subidas y bajadas que se adaptan a la perfección a la mutabilidad del corazón; al unísono, la voz de Robert Smith en plena presencia, contundente, modulada, un hilo que arrastra al espectador a todos los viajes, todas las mareas.
En este concierto percibí como mi afición por The Cure nunca fue casual como han sido otras tantas aficiones que no han dejado huella y en las que no perdería hoy un minuto. Lo supe porque, cuando escuchaba canciones que creía haber olvidado, súbitamente se producía un reconocimiento devastador: mi yo presente se transportaba y se confundía con aquel antiguo difuminado yo; un mismo ser en la contemplación musical pura. Lo que Proust debió sentir olfateando las tentadoras magdalenas de su infancia, para mí apareció en forma de sonido bajo el espectro de un extraño ser con los cabellos erizados y los labios rojos.

Algunas canciones de la "primera época" permitían conectar con ese sonido tétrico que tan bien expresaba algunas noches adolescentes de desorientación y desesperanza.
Recordad la grandiosa The Forest, de imaginario romántico: arranca con unos acordes como pisadas para sumergirnos en un bosque misterioso en busca de algo o alguien...Se va oyendo una voz...se la persigue...para al final resultar que no hay nadie allí, sólo el que busca: "The girl was never there, it's always the same, i'm running towards nothing, again and again and again..."
O Primary, trazada sobre una sombría carretera de guitarras, en la que nos plantea con furia la rabia de irnos haciendo adultos y perdiendo la antigua inocencia: "The innocence of sleeping children dressed in white and slowly dreaming stops all time. (...) So many years have filled my heart I never thought I'd say those words...(...) The further we go and older we grow, the more we know, the less we show..."
O la claustrofóbica A hundred years: con acordes circulares nos va introduciendo en una pesadilla personal-histórica donde el mundo no termina de salir de su ensmismamiento destructivo.
A hundred years of blood / Crimson / The ribbon tightens round my throat / I open my mouth / And my head bursts open / A sound like a tiger thrashing in the water / Thrashing in the water / Over and over /We die one after the other / Over and over ...
Incluso, para los que teníamos afán literario, había canciones en las que podíamos recuperar referentes ineludibles, como Camus y El extranjero (en el caso de Killing an arab) o Baudelaire y el Spleen de Paris (en How beautiful you are); huellas que permitían que el escuchante se implicara todavía más en lo que oía (puesto que añadía sus propias connotaciones de sus lecturas.)
Pero también había otro tipo de canciones para momentos de sensibilidad pop. Así, los meandros agridulces del alma romántica son exaltados en canciones de una ternura subyugadora a la par que melancólica como "Just like heaven", "Pictures of you" o "Lovesong" (canción con la que se dice que Robert Smith pidió matrimonio a su actual mujer), perfecta en su sencillez y frescura:
"Whenever I'm alone with you, you make me feel like I am home again...Whenever I'm alone with you, you make me feel like I am whole again..."
También nos brindaba el camaleón canciones que nos fueran eco para las manifestaciones más viscerales de los propios instintos, como en The Kisss, en la que, después de una introducción tan rota como ebria, gime como si le quedara un minuto de vida: "Kiss me, kisss me kiss me, your tongue is like poison so swollen it fills up my mouth (...) I never wanted this, I never wanted any of this...I wish you were dead..."
El repertorio no olvidó tampoco grandes temas de tono vitalista y ritmo bailable como "Why can't I be you", "Hot hot hot" o "Friday I'm in love." Cuando Robert las cantaba el otro día súbitamente todo el público tenía 18 años y una energía desbordante en el cuerpo que pugnaba por salir.
No obstante, para mi modesto gusto, en los momentos en que el concierto fue más sublime, y en los que rozaba mejor el centro de su peculiaridad, fue en temas como Plainsong, hipnóticos e indeterminados. Temas que, como las grandes piezas de música clásica, llevan progresivamente al escuchante por diversos estadios y le tienen en vilo hasta que desemboca en el único final posible.
Este es el caso de "Disintegration" o "From the edge of this deep green sea", canciones representativas de Disintegration y Wish respectivamente. Imprescindibles: música para dejarse balancear en el filo del abismo, como si fuera el estado más natural del hombre:
"Every time we do this / I fall for her / Wave after wave after wave / it's all for her.
(..)
And so we watch the sun come up from the edge of this deep green sea."
The Cure hacía sentirse vivo con todo lo que supone en una agitada alma adolescente: percibir el lado oscuro de la existencia, los temores, la angustia por el incierto destino; sobrecogerse por una palabra dicha, por un rostro o un recuerdo que relumbra fugaz en la grisura del día; dejarse llevar por un sordo dolor o por una alegría ciega. Todos los estados estados emocionales, todos los instantes podían verse alumbrados por esta música tan fantasmal como gozosa.
Si Herman Hesse nos ayudaba a encontrarnos en nuestra unidad por encima de las vicisitudes cotidianas, The Cure nos acompañaba en todas nuestras vacilaciones. Y en realidad una tendencia se acompasaba perfectamente a la otra. Como narraba Herman Hesse en Demian o Siddharta, el camino hacia la serenidad plena no se puede alcanzar desde una habitación blanca aislada del mundo, sino después de atravesar los placeres y dolores de la vida con toda el vigor con que son solicitados.
Para eso teníamos, y tenemos a The Cure: para abismarnos en nuestras emociones, abrasarnos en la hoguera de nuestras pasiones, para después salir de allí blanqueados, renacidos.
Y, si no lo creéis, haber observado la noche del 10 de marzo los rostros de los muchachotes treintañeros mientras salían del concierto: altas horas de la madrugada, autobuses a reventar de personal resudado...Pero incólumes a las incomodidades terrenales, lucían su sonrisa de éxtasis por doquier. Si se les hubiera preguntado el por qué de esa expresión tal vez hubieran respondido:
"Sometimes you make me feel like I'm living at the edge of the world."

1 comentario:

Anónimo dijo...

-It's just the way I smile -Robert said.