"Some time later"

jueves, 3 de julio de 2008

La elegancia de la cojera


Ansío las estrellas
mas abocada estoy
a la pecera”.


Esta es la primera “idea profunda” que desarrolla Paloma, la niña superdotada que protagoniza, junto con una portera autodidacta, La elegancia del erizo.

Todo ser humano ansía la realización personal. Sin embargo, en cuanto nos vamos haciendo adultos, nos dejamos encorsetarnos en los raíles que vienen predeterminados.Y ocupamos la mayor parte de nuestro tiempo en aposentar tres cuestiones propias de los mamíferos: el sexo, el territorio y la jerarquía; dicho de otro modo: la pareja, la casa y el trabajo. Nos creemos muy libres y civilizados; sin embargo, nos encadenamos a un destino prefijado en pos de una seguridad precaria, que, una vez conseguida, a menudo desemboca en el desasosiego.
Entre tanta urgencia, ¿no estaremos olvidándonos de cultivar el don que nos hace realmente humanos? ¿No nos bastaría la conciencia para acceder a una felicidad desnuda, esencial?

La elegancia del erizo es un libro fresco y revelador ahora. Un canto a la vida en plenitud, a conciencia.
Nos muestra que los seres más ricos interiormente no son siempre los que triunfan, puesto que a veces el éxito exterior ciega las ventanas de comunicación con nuestro ser auténtico.
Así, una niña de doce años, una portera marginal pueden albergar una comprensión del mundo de una intensidad magistral. Y no necesitan nada más que eso. Bueno, tal vez simplemente encontrar a alguien con quien compartir esos pequeños y enormes placeres como tomarse en compañía una taza de té.
Entonces, tomemos una taza de té. Se hace el silencio, fuera se oye soplar el viento, crujen las hojas de otoño y levantan el vuelo, el gato duerme, bañado en una cálida luz. Y, en cada sorbo, el tiempo se sublima.”

El libro me ha caído a las manos como una bendición.
He estado todo el curso inmersa en el movimiento del mundo, con una avidez por la acción que a veces me lleva al límite de mis fuerzas. Me paso los días haciendo planes para más acciones futuras, sean físicas, didácticas, intelectuales, lúdicas...Pero, por muchos planes que haga, nunca me parecen suficientes, siempre tengo la sensación de que me estoy descuidando de alguna faceta de la experiencia, y temo tener que arrepentirme de ello en el futuro.
Cuando el tiempo te desborda porque nunca alcanzas a realizar todas las acciones que el deseo te dicta, el día a día puede convertirse en una carrera de obstáculos, o en un servicio militar.
¿A qué viene tanta avidez? ¿Por qué? ¿Para qué? El día que un accidente me obliga a detenerme, constato que 24 horas son suficientes para cambiar radicalmente mis biorritmos y convertirme en la más firme aliada de la inacción.
Y me doy cuenta de que la sed de acción, paradójicamente, sólo se sacia con la inacción. El día que a la fuerza debes cancelar todos los proyectos, todos los compromisos sociales, entonces eres capaz de percibir que la vida está bien en sí misma. Que es maravilloso contemplar cómo se mueve una rama de árbol, el propio cuerpo en reposo, una nota musical que se apodera del espacio, la sonrisa de tus padres, que sigue siendo la misma aunque pase el tiempo.

Hoy, vacía del impulso de la acción, puedo proceder a la degustación del presente pleno. Y ahí tienen cabida dos esencias: la vida misma en su movimiento, que tiene la intensidad y la gracia de lo efímero, y el arte, que es capaz de trascender el instante fugitivo y sublimarlo en un estado de Belleza sin tiempo.

En la escena muda, sin vida ni movimiento, se encarna un tiempo carente de proyectos, una perfección arrancada a la duración y a su cansina avidez –un placer sin deseo, una existencia sin duración, una belleza sin voluntad.
Pues el Arte es la emoción sin el deseo.

Entre la vida y el arte, la conciencia humana se instala como receptor, puente, vasos comunicantes entre lo fugitivo y lo eterno. Cada instante merece la pena ser eterno. Y al mismo tiempo un instante ha de morir para que la vida continúe mostrando su naturaleza más preciosa, el propio devenir, sin lo cual tampoco el arte existiría.
Entonces, ¿qué es todo lo que podemos desear? Encontrar el rincón oportuno donde el mundo nos deje en paz para ser, sin más.
Como en el caso de la portera Renée Michel, a veces la ausencia de ruido exterior, incluso la ausencia de gloria y reconocimiento, puede conllevar una libertad de conciencia sin límites.

La vida que se escapa se inmoviliza en una joya sin mañana ni proyectos, el destino de los hombres, salvado del pálido sucederse de los días, se nimba por fin de luz y, más allá del tiempo, exalta mi corazón tranquilo.

Ahora, sólo quiero tener los ojos limpios para apreciar cuantas camelias se posan en el mundo; ser yo misma camelia sobre el musgo.

4 comentarios:

tina dijo...

"... la sonrisa de tus padres, que sigue siendo la misma aunque pase el tiempo."

Sí. Sí. SÍ.

Anónimo dijo...

¿Estás cojita?, ¿algún pequeño accidente doméstico? En todo caso, se ve que sabes sacarle partido y saborear la situación sabiamente. Bravo! Por otro lado, reconozco que siempre me ha parecido sospechosa esa exaltación del puro presente: uno se deleita en ver crecer la hierba porque sabe que es temporal.

Erizos. Hace tiempo me recomendó este libro una amiga. La verdad es que no llegué a terminarlo. A pesar de sus virtudes, la petulancia de las protagonistas (así lo veía yo) me exasperaba. Supongo que parezco una quisquillosa, una tía de lo más negativa, una tacaña con esas dos almas exquisitas que se defienden como pueden de la frivolidad y de las convenciones, etc. Por mucho que celebre su inadaptación, su originalidad, su autoconciencia, no soporto que se crean superiores al resto de la humanidad. Desde el Himalaya de su sensibilidad observan al resto como a una panda de gilipuertas, incapaces de ser conmovidos, de aportarles nada, por lo tanto, ¿a qué arriesgarse a sincerarse con ellos, a patalear, a lo que sea? No sé, hay un tufillo ahí a resentimiento. Esa es la impresión que yo recibía de (¿proyectaba en?) esos personajes y claro, me eso empañaba todo lo demás. Seguro que el libro también tiene aspectos estupendos, que tú, por ejemplo, sabes recoger. Desde luego esas modernas teorías de la recepción que parecen sofisticados aparatos teóricos (y que no sabría sintetizar ahora mismo elegantemente) parece que son una verdad como un templo.

Montse

Anónimo dijo...

yo no me he dejado pinchar por el erizo, pero recojo las críticas tuyas, Isa, y las de Montse.
por otro lado celebro que tu reposo (si es que eres una guerrera!) sea tan fructífero para el alma.
cuídate!!!

óscar

chabela dijo...

Montse, en algunos momentos también me ha dado esa impresión de que exageraba un poco en los personajes el orgullo de ser "distintas" y algunos párrafos pueden resultar demasiado pedantes.
Como novela tiene algunos puntos flojos, me ha parecido: un ritmo y un interés muy irregular, personajes poco verosímiles.
Pero me lo he tomado como una fábula donde lo imporante era transmitir unos contenidos a partir de personajes con cierta ternura, y visto así sí creo que está conseguida.
Me parece una buena novela, que no excelente; pero en este momento mío sus reflexiones me han venido como anillo al dedo, y además creo que ya está bien que se publiquen cosas con contenido que pueda servir a todo el mundo. Curiosamente, pese a su formato pedante, ¡está siendo un éxito de ventas internacional! Eso me prueba que a la gente le llega y le sirve y eso me gusta.
Vaya: entiendo lo que dices perfectamente y lo comparto en parte, pero a pesar de todo defiendo esta novela.
¡Un abrazo bien fuerte para vosotros, oh insignes internautas que aún tenéis moral de leerme!